Canarias, siete bombas potenciales en medio del Atlántico

Periódicamente, los volcanes se convierten en protagonistas de la actualidad informativa por culpa de las violentas erupciones que amenazan a la población más próxima. La pasada primavera el volcán islandés Eyjafjallajokull mantuvo en jaque a media Europa debido al peligro que suponía la emisión de cenizas para el tráfico aéreo.  Más recientemente, en Indonesia, el Merapi arrasa todo cuanto encuentra a su paso y las víctimas se cuentan ya por cientos.

España, actualmente, no acostumbra a sufrir los efectos directos (sí los indirectos como, por ejemplo, los del volcán islandés) de una erupción volcánica y, sin embargo, una de sus regiones se encuentra entre las que más corren el riesgo de padecer un desastre producido por un volcán en todo el planeta: situadas en uno de esos lugares denominados “puntos calientes”, las Islas Canarias, de origen volcánico, albergan una buena cantidad de volcanes que suponen una notable amenaza para sus habitantes.

No obstante, aunque el grueso de la población no tenga conciencia de los riesgos (no tanto peligros) que entraña esta situación, las autoridades competentes sí están bien preparadas ante cualquier anomalía que tenga lugar en la orografía volcánica del archipiélago. La Directriz Básica de Planificación de Protección Civil ante el Riesgo Volcánico en España declara que la única zona del territorio nacional expuesta a la amenaza o el peligro volcánico es la Comunidad Autónoma de Canarias.  Por su parte, actualmente, el Instituto Geográfico Nacional está trabajando en el desarrollo de una red de vigilancia del riesgo volcánico que se prevé este terminada en 2013. Además, con frecuencia organizan simulacros de actuación ante una emergencia volcánica para coordinar la respuesta y ejecutarla de la forma más rápida y eficaz posible.

Recientemente, el Instituto Nacional Geográfico ha constatado una actividad volcánica normalizada en Canarias. Sin embargo, uno de sus investigadores, Sergio Sainz, ha apuntado que “el hecho de que no haya cambios significativos no quiere decir que no puedan producirse fenómenos asociados a la actividad volcánica de las islas”. Precisamente, la constante inactividad de los volcanes canarios ha dificultado el estudio de los verdaderos riesgos volcánicos y ha frenado, por tanto la implantación de sistemas de vigilancia y control de los peligros potenciales de estos fenómenos.

A pesar de que en los últimos años ningún volcán de las islas ha entrado en activo, tampoco es necesario remontarse muy atrás en el tiempo para descubrir los efectos de una gran erupción. El antecedente más reciente tuvo lugar en 1971, cuando el volcán Teneguía, en la isla de La Palma, erupcionó durante apenas un mes, lo cual supone un corto período de tiempo para lo que suele acontecer en el archipiélago canario: en el siglo XVIII, casi una cuarta parte de Lanzarote se vio afectada, durante seis años, por las enésimas erupciones volcánicas en esa isla, dando lugar a lo que hoy forma el Parque Nacional de Timanfaya. Aunque, históricamente, los efectos de las erupciones en Canarias no han sido especialmente devastadores (aunque sí ha provocado hambrunas e importantes migraciones), actualmente se atiende con preocupación a la actividad de los numerosos volcanes que permanecen dormidos en las islas, con especial atención al Teide, al Teneguía, a Cumbre Vieja…

Y es que el riesgo volcánico no se mide por la probabilidad de que un volcán entre en erupción, sino por la vulnerabilidad de la población y el valor de los daños que la potencial erupción pueda provocar. Por ello, sgún Nemesio Pérez, Presidente de la Sociedad Volcanológica de España, “el riesgo volcánico en Canarias está aumentando por la fuerte presión que sobre el uso y la planificación del territorio está ocasionando el importante incremento poblacional y desarrollo socio-económico que ha experimentado Canarias durante los últimos años”.

Por otro lado, el tipo de relieve volcánico del archipiélago canario constituye una ventajosa circunstancia para su población: a excepción del Teide, cuya actividad podría dar lugar a violentas erupciones explosivas, las erupciones de los volcanes canarios son de tipo efusivo, lo cual se traduce en una erupción tranquila, silenciosa, sin apenas emisión de cenizas y piroclastos y con la expulsión de una lava fluida que circula a velocidades muy lentas. Este tipo de erupciones, pues, favorecen que se pueda evitar grandes daños personales y materiales y permiten llevar a cabo planes de evacuación con relativa rapidez y eficiencia.

Pero, quizás, el mayor riesgo que existe en Canarias a causa de un volcán es el peligro de desprendimientos y corrimientos de grandes extensiones de terrenos que bien pueden dar lugar a las características calderas de las islas o bien puede tornar en una gran catástrofe, en el caso de que esas grandes porciones de tierra caigan al mar. Es paradigmático –y objeto de un gran alarmismo- la amenaza que representa el conjunto de volcanes conocido como Cumbre Vieja en la isla de La Palma: su última erupción (del volcán San Juan) en 1949 abrió una gran falla a lo largo de toda su cresta que terminó haciendo que el lado oeste de Cumbre Vieja se vaya separando progresivamente y moviéndose hacia el mar, abombándose y amenazando con fracturarse. De llegar a desprenderse del todo, caería al mar una gigantesca masa de un volumen de al menos 200 kilómetros cúbicos que ocasionaría un desastre natural sin precedentes.

La comunidad científica parece estar de acuerdo en que, muy probablemente, habrá una nueva erupción en Cumbre Vieja en el próximo siglo, aunque ello no significa que necesariamente tenga lugar el desprendimiento de la fractura oeste de La Palma.

La universidad de California ha elaborado una serie de predicciones que indican que las olas que se derivarían del impacto de semejante trozo de tierra contra la superficie del mar se propagarían más allá de las Islas Canarias hacia los Estados Unidos, Europa y Brasil, afectando a un total de mas 100 millones de personas. Esta amenaza natural ha sido objeto de muchos estudios y documentales que han intentado recrear los devastadores efectos que tendría el eventual tsunami: National Geographic incluyó este fenómeno cono una de las cinco causas del fin del mundo en su documental End day, mientras que la BBC realizó una polémica ficción, dirigida por el científico Simon Day, en la que se reproducían las consecuencias del mortal maremoto.

Aunque a priori el enfoque de estos medios pueda parecer extremadamente sensacionalista y alarmante, la realidad es que tal es la visión de que está impregnada la opinión entre la comunidad científica.

Para prevenir y buscar soluciones a éste y otros riesgos volcánicos, a menudo se organizan diferentes iniciativas orientadas al control y la supervisión del estado del riesgo volcánico en el archipiélago canario. Es el caso, por ejemplo, de la reciente Reunión Internacional MAKAVOL 2010 FOGO Workshop, organizada por el Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), organismo dependiente del Cabildo Insular de Tenerife,  en colaboración con el Laboratório de Engenharia Civil de Cabo Verde, la Universidade de Cabo Verde, y el Serviço Nacional de Protecção Civil de Cabo Verde. Esta reunión, celebrada entre los días 4 y 9 de diciembre, ha servido como un foro internacional (hasta 12 países han participado en ella) de discusión sobre el riesgo volcánico real en las islas y sobre qué medidas preventivas se pueden tomar para evitar desgracias mayores en el futuro. En estos momentos, se está esperando a que se publique el análisis DAFO sobre los programas actuales para la reducción del riesgo volcánico en Azores, Cabo Verde y Canarias, realizado con la finalidad de identificar las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de las acciones que recomiendan los expertos y la comunidad científica y política internacional para la reducción del riesgo volcánico.

Ésta es sólo una de muchas reuniones pero, como suele ocurrir en estos casos, son grandes las dificultades de alcanzar acuerdos en el establecimiento de protocolos de actuación; sólo cuando el peligro se hace inminente y urgen medidas inmediatas se imponen los códigos más efectivos. El mejor ejemplo de protocolo de actuación frente a situaciones de riesgo volcánico es el denominado “semáforo volcánico”, que asocia cada color a una situación de riesgo y, por tanto, a un estado de alarma, según la siguiente correspondencia.

Jose barranco investigador de la división de medioambiente del Instituto Tecnológico y Energía Renovables ha coordinado la III edición de las jornadas Canarias: una ventana volcánica en el Atlántico, celebrada este noviembre en el municipio de Arucas, Gran Canaria. Según Barranco, afirma que “hoy por hoy tenemos estudios de forma periódica en Tenerife, en La Palma, en Lanzarote y El Hierro porque son las islas que históricamente han tenido las erupciones más recientes”. La falta de recursos de esta institución impide, una vez más, que todos los protocolos de vigilancia se implanten de manera permanente en todas las islas, con la imprevisión del riesgo que ello conlleva.Sin embargo, insiste en que dicho riesgo debe gestionarse desde la certeza del conocimiento científico y nunca desde el alarmismo. “En este sentido, lo que la gente tiene que tener es cautela, tranquilidad y hacerle caso, sobre todo, a las autoridades que, informadas por los científicos y asesoradas por Protección Civil, son las que de alguna forma nos tienen que coordinar a la población”.

En definitiva, como conclusión, los habitantes de las Islas Canarias deben entender los riesgos volcánicos a los que está expuesta, aunque siempre teniendo en cuenta la escasa probabilidad que existe de que tenga lugar una catástrofe volcánica en el archipiélago y, además, atendiendo a las indicaciones de los expertos y autoridades competentes. Por su parte, los periodistas deberían filtrar los matices sensacionalistas, tanto de la población como de la comunidad científica, con el fin de evitar el alarmismo respecto al riesgo volcánico.

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